La peste

La peste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cottard había caído. Se vio todavía al agente tirar un puntapié al matón que yacía en el suelo. Después, un grupo confuso comenzó a agitarse y se dirigió hacia donde estaban el doctor y su viejo amigo.

—¡Circulen! —dijo el agente.

Rieux bajó los ojos cuando el grupo pasó delante de él.

Grand y el doctor se fueron: el crepúsculo terminaba. Como si el acontecimiento hubiera sacudido al barrio del sopor en que se adormecía, las calles se llenaron de nuevo del bordoneo de una muchedumbre alegre. Al pie de la casa, Grand dijo adiós al doctor: iba a trabajar. Pero antes de subir le dijo que había escrito a Jeanne y que ahora estaba contento. Además, había recomenzado su frase. "He suprimido —dijo— todos los adjetivos."

Y, con una sonrisa de picardía, se quitó el sombrero ceremoniosamente. Pero Rieux pensaba en Cottard y el ruido sordo de los puños aporreándole la cara le persiguió mientras se dirigía a la casa del viejo asmático. Acaso era más duro pensar en un hombre culpable que en un hombre muerto.

Cuando Rieux llegó a casa de su viejo enfermo, la noche había ya devorado todo el cielo. Desde la habitación se podía oír el rumor lejano de la libertad y el viejo seguía siempre, con el mismo humor, trasvasando sus garbanzos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker