La peste
La peste —Hacen bien en divertirse —decÃa—, se necesita de todo para hacer un mundo. ¿Y su colega, doctor, qué es de él?
El ruido de unas detonaciones llegó hasta ellos, pero éstas eran pacÃficas: algunos niños echaban petardos.
—Ha muerto —dijo el doctor, auscultando el pecho cavernoso.
—¡Ah! —dijo el viejo, un poco intimidado.
—De la peste —añadió Rieux.
—Sà —asintió el viejo después de un momento—, los mejores se van. Asà es la vida. Pero era un hombre que no sabÃa lo que querÃa.
—¿Por qué lo dice usted? —dijo el doctor, guardando el estetoscopio.
—Por nada. No hablaba nunca si no era para decir algo. En fin, a mà me gustaba. Pero la cosa es asÃ. Los otros dicen: "Es la peste, ha habido peste." Por poco piden que les den una condecoración. Pero ¿qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más.
—Haga usted las inhalaciones regularmente.
—¡Oh!, no tenga usted cuidado. Yo tengo para mucho tiempo, yo los veré morir a todos. Yo soy de los que saben vivir.
Lejanos gritos de alegrÃa le respondieron a lo lejos.
El doctor se detuvo en medio de la habitación.