Los justos
Los justos VOINOV. —No es fácil. Cuando yo era estudiante, mis compañeros se burlaban de mĂ porque no sabĂa disimular. DecĂa lo que pensaba. Al final me echaron de la Universidad.
STEPAN. —¿Por qué?
VOINOV. —En el curso de historia, el profesor me preguntĂł cĂłmo Pedro el Grande habĂa edificado Petrogrado.
STEPAN. —Buena pregunta.
VOINOV. —Con sangre y a latigazos, contesté. Me echaron.
STEPAN. —Y después…
VOINOV. —Comprendà que no bastaba denunciar la injusticia. Era menester dar la vida para combatirla. Ahora soy feliz.
STEPAN. —¿Y sin embargo, mientes?
VOINOV. —Miento. Pero no mentirĂ© el dĂa que arroje la bomba. (Llaman. Dos timbrazos, despuĂ©s uno sĂłlo. Dora se precipita).
ANNENKOV. —Es Yanek.
STEPAN. —No es la misma señal.
ANNENKOV. —A Yanek le divirtió cambiarla. Tiene su señal propia.
(Stepan se encoge de hombros. Se oye hablar a Dora en la antesala. Entran Dora y Kaliayev, del brazo. Kaliayev rĂe).