Los justos
Los justos VOINOV. —¡Stepan!
STEPAN. —Hola.
(Se estrechan la mano. Voinov se acerca a Dora y la besa).
ANNENKOV. —¿Ha ido todo bien, Alexis?
VOINOV. —SÃ.
ANNENKOV. —¿Estudiaste el recorrido desde el palacio hasta el teatro?
VOINOV. —Ahora puedo dibujarlo. Mira (dibuja). Recodos, calles estrechas, obstáculos…, el coche pasará bajo nuestras ventanas.
ANNENKOV. —¿Qué significan esas dos cruces?
VOINOV. —Una placita donde los caballos habrán de moderar el paso, y el teatro donde se detendrán. En mi opinión, son los mejores lugares.
ANNENKOV. —¡Dame!
STEPAN. —¿Y los confidentes?
VOINOV. —(vacilante). Hay muchos.
STEPAN. —¿Te impresionan?
VOINOV. —No me siento tranquilo.
ANNENKOV. —Nadie se siente tranquilo con ellos delante. No te preocupes.
VOINOV. —No temo nada. Lo que pasa es que no me acostumbro a mentir.
STEPAN. —Todo el mundo miente. Lo que hace falta es mentir bien.