Los justos
Los justos KALIAYEV. —(mostrando su mano). Mira. ¿Crees que temblará? (Stepan se aparta).
KALIAYEV. —No temblará. ¡Vamos! Con el tirano frente a mà ¿voy a vacilar? ¿Cómo puedes creerlo? Y aunque me tiemble el brazo, conozco un medio seguro de matar al gran duque.
ANNENKOV. —¿Cuál?
KALIAYEV. —Arrojarse bajo las patas de los caballos.
(Stepan se encoge de hombros y va a sentarse al fondo).
ANNENKOV. —No, no será necesario. Habrá que intentar la huida. La organización te necesita, debes cuidarte.
KALIAYEV. —¡Obedeceré, Boria! ¡Qué honor, qué honor para mÃ! Oh, seré digno de él.
ANNENKOV. —Stepan, tú estarás en la calle mientras Yanek y Alexis esperen la llegada de la calesa. Pasarás cada cierto tiempo delante de nuestras ventanas y convendremos una señal. Dora y yo esperaremos aquà el momento de lanzar la proclama. Con un poco de suerte, el gran duque caerá.
KALIAYEV. —(con exaltación). ¡SÃ, lo mataré! ¡Qué felicidad si tenemos éxito! Pero el gran duque no es nada. ¡Hay que golpear más arriba!
ANNENKOV. —Primero el gran duque.