Los justos
Los justos DORA. —Tú tienes fuerza de ánimo. Y te abrirás paso hasta llegar al fin. ¿Por qué has querido arrojar la primera bomba?
KALIAYEV. —¿Puede hablarse de la acción terrorista sin participar en ella?
DORA. —No.
KALIAYEV. —Hay que estar en la primera fila.
DORA. —(que parece reflexionar). SÃ. Hay la primera fila y hay el último momento. Debemos pensar en ello. Ahà está el coraje, la exaltación que necesitamos…, que tú necesitas.
KALIAYEV. —Desde hace un año, no pienso en otra cosa. Por este momento he vivido hasta ahora. Y ahora sé que quisiera morir allà mismo, al lado del gran duque. Perder mi sangre hasta la última gota, o arder de una sola vez, en la llama de la explosión, y no dejar nada tras de mÃ. ¿Comprendes por qué he pedido arrojar la bomba? Morir por la causa es la única manera de estar a su altura. Es la justificación.
DORA. —Yo también deseo esa muerte.
KALIAYEV. —SÃ, es una felicidad envidiable. Por la noche, a veces me agito en mi jergón de buhonero. Un pensamiento me atormenta, nos han convertido en asesinos. Pero pienso al mismo tiempo que voy a morir, y entonces mi corazón se apacigua. SonrÃo, ¿sabes?, y me duermo como un niño.