Los justos
Los justos DORA. —Está bien asÃ, Yanek. Matar y morir. Pero en mi opinión, hay una felicidad todavÃa mayor. (Pausa. Kaliayev la mira. Ella baja los ojos). El cadalso.
KALIAYEV. —(febrilmente). Lo he pensado. Morir en el momento del atentado deja algo inconcluso. Entre el atentado y el cadalso, en cambio, hay toda una eternidad, la única posible quizá para el hombre.
DORA. —(con voz apremiante, cogiéndole las manos). Ese pensamiento debe ayudarte. Pagamos más de lo que debemos.
KALIAYEV. —¿Qué quieres decir?
DORA. —Nos vemos obligados a matar, ¿verdad? ¿Sacrificamos deliberadamente una vida, una sola?
KALIAYEV. —SÃ.
DORA. —Pero ir hacia el atentado y luego hacia el cadalso, es dar dos veces la vida. Pagamos más de lo que debemos.
KALIAYEV. —SÃ, es morir dos veces. Gracias, Dora. Nadie puede reprocharnos nada. Ahora estoy seguro de mÃ. (Silencio). ¿Qué te pasa, Dora? ¿No dices nada?
DORA. —Quisiera ayudarte un poco más. Sólo que…
KALIAYEV. —¿Sólo qué?
DORA. —No, estoy loca.
KALIAYEV. —¿DesconfÃas de mÃ?