Los justos
Los justos DORA. —Oh, no, querido, desconfÃo de mÃ. Desde la muerte de Schweitzer a veces se me ocurren ideas raras. Y además, no me corresponde a mà decirte qué es lo que será difÃcil.
KALIAYEV. —Me gusta lo difÃcil. Si me estimas, habla.
DORA. —(mirándole). Lo sé. Eres valiente. Eso es lo que me inquieta. Te rÃes, te exaltas, te encaminas al sacrificio lleno de fervor. Pero dentro de algunas horas habrá que salir de este sueño y actuar. Quizá sea mejor hablar antes… para evitar una sorpresa, un desfallecimiento…
KALIAYEV. —No tendré desfallecimientos. Dime lo que piensas.
DORA. —Bueno, pues el atentado, el cadalso, morir dos veces, es lo más fácil. Te bastará el ánimo. Pero la primera fila… (Se calla, le mira y parece vacilar). En la primera fila vas a verlo…
KALIAYEV. —¿A quién?
DORA. —Al gran duque.
KALIAYEV. —Un segundo apenas.