Los justos
Los justos ANNENKOV. —(se dirige a la ventana). Atención. Stepan hace una señal. Es él. (Se oye, en efecto, el lejano rodar de un carruaje que se acerca cada vez más, pasa bajo las ventanas y comienza a alejarse. Largo silencio).
ANNENKOV. —Dentro de unos segundos… (Escuchan).
ANNENKOV. —Qué largo se hace.
(Dora hace un ademán. Largo silencio. Se oyen campanas a lo lejos).
ANNENKOV. —No es posible. Yanek ya hubiera arrojado la bomba. El coche debe de haber llegado al teatro. ¿Y Alexis? ¡Mira! Stepan vuelve sobre sus pasos y corre hacia el teatro.
DORA. —(abalanzándose hacia él). Han detenido a Yanek. Lo han detenido, con seguridad. Hay que hacer algo.
ANNENKOV. —Espera. (Escucha). No. Se acabó.
DORA. —¿Cómo ha sucedido? ¡Yanek detenido sin haber hecho nada! Estaba dispuesto a todo, lo sé. QuerÃa la prisión y el proceso. ¡Pero después de haber matado al gran duque! ¡No asÃ, no, no asÃ!
ANNENKOV. —(mirando hacia afuera). ¡Voinov! ¡Rápido!
(Dora va a abrir. Entra Voinov, con semblante descompuesto).
ANNENKOV. —Alexis, pronto; habla.