Los justos
Los justos FOKA. —¿A cuántos?
KALIAYEV. —Te lo diré, hermano, si quieres. Pero contéstame; te arrepientes de lo que pasó, ¿verdad?
FOKA. —Claro, veinte años es caro. Te hacen arrepentirte.
KALIAYEV. —Veinte años. Entro aquí a los veintitrés y salgo con el pelo gris.
FOKA. —¡Oh! Tal vez a ti te vaya mejor. Los jueces tienen altibajos. Depende de si están casados y con quién. Y además tú eres barín. No es la misma tarifa que para los pobres diablos. Saldrás del paso.
KALIAYEV. —No lo creo. Y no quiero. No podría soportar la vergüenza durante veinte años.
FOKA. —¿La vergüenza? ¿Qué vergüenza? En fin, son ideas de barín. ¿A cuántos mataste?
KALIAYEV. —A uno solo.
FOKA. —¿Qué dices? Eso no es nada.
KALIAYEV. —Maté al gran duque Sergio.
FOKA. —¿Al gran duque? Eh, buena la hiciste. ¡Hay que ver a estos barines! Es grave, ¿verdad?
KALIAYEV. —Es grave. Pero era necesario.
FOKA. —¿Por qué? ¿Vivías en la corte? Una historia de mujeres, ¿no? Guapo como eres…
KALIAYEV. —Soy socialista.
EL GUARDIÁN. —No tan alto.