Los justos
Los justos KALIAYEV. —Tenía cita en la estepa con el mismo Dios, y allá iba de prisa cuando encontró a un campesino con el carro atascado. Entonces San Demetrio lo ayudó. El barro era espeso, el bache profundo. Hubo que luchar durante una hora. Y al terminar, San Demetrio corrió a la cita, pero Dios ya no estaba.
FOKA. —¿Y entonces?
KALIAYEV. —Y entonces están los que siempre llegarán tarde a la cita porque hay demasiadas carretas atascadas y demasiados hermanos que socorrer.
(Foka retrocede).
KALIAYEV. —¿Qué te pasa?
EL GUARDIÁN. —No tan alto. Y tú, viejo, date prisa.
FOKA. —No me fío. Todo esto no es normal. A nadie se le ocurre hacerse meter en la cárcel por historias de santos y de carretas. Y, además, hay otra cosa…
(El guardián se ríe).
KALIAYEV. —(Mirándolo). ¿Qué?
FOKA. —¿Qué les hacen a los que matan a los grandes duques?
KALIAYEV. —Los cuelgan.
FOKA. —¡Ah!
(Y se va, mientras El guardián ríe cada vez más fuerte).