Los justos
Los justos KALIAYEV. —Quédate. ¿Qué te he hecho yo?
FOKA. —No me has hecho nada. Por muy barín que seas, no quiero engañarte. Uno charla, así pasa el tiempo, pero si te van a colgar, no está bien.
KALIAYEV. —¿Por qué?
EL GUARDIÁN. —(riendo). Vamos, viejo, díselo…
FOKA. —Porque no puedes hablarme como a un hermano. Yo soy el que cuelga a los condenados.
KALIAYEV. —¿No eres tú también un forzado?
FOKA. —Precisamente por eso. Me propusieron hacer este trabajo, y por cada ahorcado me quitan un año de cárcel. Es un buen negocio.
KALIAYEV. —¿Para perdonarte tus crímenes, te hacen cometer otros?
FOKA. —Oh, no son crímenes, porque hay una orden. Y, además, eso les da igual. Si quieres saber mi opinión, no son cristianos.
KALIAYEV. —¿Y cuántas veces, ya?
FOKA. —Dos veces.
(Kaliayev retrocede. Los otros se dirigen a la puerta; El guardián empuja a Foka).
KALIAYEV. —¿Así que eres un verdugo?
FOKA. —(en la puerta). Bueno, barín, ¿y tú?
(Sale. Se oyen pasos, órdenes. Entra Skouratov, muy elegante, con El guardián).