Los justos
Los justos SKOURATOV. —Déjanos. Buenos dÃas. ¿No me conoce? Yo sà le conozco. (Se rÃe). Ya célebre, ¿eh? (Le mira). ¿Puedo presentarme? (Kaliayev no dice nada). ¿No dice nada? Comprendo. La incomunicación, ¿eh? Debe de ser muy duro estar ocho dÃas incomunicado. Hoy hemos suprimido la incomunicación y tendrá usted visitas. Estoy aquà para eso, además. Ya le mandé a Foka. Excepcional, ¿verdad? Pensé que le interesarÃa. ¿Está contento? Es bueno ver caras después de ocho dÃas. ¿No?
KALIAYEV. —Todo depende de la cara.
SKOURATOV. —Buena voz, bien timbrada. Usted sabe lo que quiere (Una pausa). Si he comprendido bien, mi cara no le gusta, ¿verdad?
KALIAYEV. —SÃ.
SKOURATOV. —¡Qué decepción! Pero es un malentendido. Lo que pasa es que esto está muy mal iluminado. En un sótano nadie es simpático. Además, usted no me conoce. A veces una cara echa hacia atrás. Pero luego, cuando se conoce a fondo al…
KALIAYEV. —Basta. ¿Quién es usted?
SKOURATOV. —Skouratov, director del departamento de PolicÃa.
KALIAYEV. —Un lacayo.