Los justos
Los justos ANNENKOV. —SÃ. Nos alegramos al enterarnos de que habÃas podido llegar a Suiza.
STEPAN. —Suiza es otra cárcel, Boria.
ANNENKOV. —¿Qué dices? Allá son libres, al menos.
STEPAN. —La libertad es una cárcel mientras haya un solo hombre esclavizado en la tierra. Yo era libre y no dejaba de pensar en Rusia y sus esclavos.
(Silencio).
ANNENKOV. —Me alegro mucho, Stepan, de que el partido te haya mandado aquÃ.
STEPAN. —Era necesario. Me ahogaba. Actuar, actuar por fin… (Mira a Annenkov). Lo mataremos, ¿verdad?
ANNENKOV. —Estoy seguro.
STEPAN. —Mataremos a ese verdugo. Tú eres el jefe, Boria, y te obedeceré.
ANNENKOV. —No necesito tu promesa, Stepan. Somos todos hermanos.
STEPAN. —Hace falta disciplina. Lo he comprendido en la cárcel. El partido socialista revolucionario necesita disciplina. Disciplinados mataremos al gran duque y destruiremos la tiranÃa.
DORA. —(acercándose a él). Siéntate, Stepan, debes de estar cansado después de ese largo viaje.
STEPAN. —Yo nunca me canso. (Silencio. Dora se sienta).
