Los justos
Los justos LA GRAN DUQUESA. —(descubriéndose la cara). Mira. (Kaliayev calla). Muchas cosas mueren con un hombre.
KALIAYEV. —Lo sabÃa.
LA GRAN DUQUESA. —(con naturalidad, pero con una vocecita gastada). Los asesinos no lo saben. Si lo supieran, ¿cómo podrÃan matar?
(Silencio).
KALIAYEV. —Ya la he visto. Ahora deseo estar solo.
LA GRAN DUQUESA. —No. Necesito mirarte también. (Kaliayev retrocede. La gran duquesa se sienta, como agotada). Ya no puedo estar sola. Antes, si yo sufrÃa, él podÃa ver mi sufrimiento. Sufrir era algo bueno entonces. Ahora… No, ya no podÃa estar sola, callarme… Pero ¿con quién hablar? Los otros no saben. Fingen estar tristes. Lo están, una hora o dos. Después se van a comer, y a dormir… A dormir, sobre todo… Pensé que debÃas de parecerte a mÃ. Tú no duermes, estoy segura. ¿Y con quién hablar del crimen, sino con el criminal?
KALIAYEV. —¿Qué crimen? Sólo recuerdo un acto de justicia.