Los justos
Los justos LA GRAN DUQUESA. —¿Por qué te pones tan rÃgido? ¿Nunca tuviste compasión de ti mismo?
KALIAYEV. —No.
LA GRAN DUQUESA. —Haces mal. Eso alivia. Yo ya no tengo compasión sino de mà misma. (Una pausa). Sufro. Debiste matarme con él, en vez de perdonarme la vida.
KALIAYEV. —No se la perdoné a usted, sino a los niños que iban con usted.
LA GRAN DUQUESA. —Lo sé… Yo no los querÃa mucho. (Una pausa). Son los sobrinos del gran duque. ¿No eran culpables como su tÃo?
KALIAYEV. —No.
LA GRAN DUQUESA. —¿Los conoces? Mi sobrina tiene mal corazón. Se niega a dar ella misma limosna a los pobres. Tiene miedo de tocarlos. ¿No es ella injusta? Es injusta. Él, por lo menos, querÃa a los campesinos. BebÃa con ellos. Y tú lo mataste. Ciertamente, tú también eres injusto. La tierra está desierta.
KALIAYEV. —Todo esto es inútil. Usted intenta dejarme sin fuerzas y desesperarme. No lo conseguirá. Déjeme.
LA GRAN DUQUESA. —¿No quieres rezar conmigo, arrepentirte?… Asà no estaremos solos.
KALIAYEV. —Déjeme prepararme a morir. Si no muriera, entonces sà serÃa un asesino.