Los justos
Los justos LA GRAN DUQUESA. —No me hable como si fuera su enemiga. Mire. (Cierra la puerta). ConfÃo en usted. (Llora). La sangre nos separa. Pero usted puede alcanzarme en Dios, en el lugar mismo de la desdicha. Por lo menos, rece conmigo.
KALIAYEV. —Me niego. (Se acerca a ella). Sólo siento por usted compasión y acaba de conmover mi alma. Ahora me comprenderá, porque no le ocultaré nada. Ya no espero la cita con Dios. Pero al morir seré puntual en la cita que tengo con los que amo, con mis hermanos que piensan en mà en este momento. Rezar serÃa traicionarlos.
LA GRAN DUQUESA. —¿Qué quiere usted decir?
KALIAYEV. —(con exaltación). Nada, sino que voy a ser feliz. Tengo que sostener una larga lucha y la sostendré. Pero cuando se pronuncie el veredicto y la ejecución esté lista, al pie del cadalso me apartaré de usted y de este mundo horrible y me dejaré llevar al amor que colma. ¿Me comprende?
LA GRAN DUQUESA. —No hay amor lejos de Dios.
KALIAYEV. —SÃ. El amor por la criatura.
LA GRAN DUQUESA. —La criatura es abyecta. ¿Qué otra cosa cabe hacer sino destruirla o perdonarla?
KALIAYEV. —Morir con ella.
LA GRAN DUQUESA. —Morimos solos. Él murió solo.