Los justos
Los justos STEPAN. —¿Por qué iba a ver a la gran duquesa sino para pedir gracia? Ella hizo decir por todas partes que Yanek se habÃa arrepentido. ¿Cómo saber la verdad?
DORA. —Sabemos lo que dijo delante del Tribunal y lo que nos ha escrito. Yanek dijo que lamentaba no disponer sino de una sola vida para arrojarla como un desafÃo a la autocracia. El hombre que dijo eso, ¿puede mendigar gracia, puede arrepentirse? No; querÃa, quiere morir. No se reniega de un acto como el suyo.
STEPAN. —No debió ver a la gran duquesa.
DORA. —Él es su único juez.
STEPAN. —Según nuestra regla, no debÃa verla.
DORA. —Nuestra regla es matar, nada más. Ahora es libre, libre por fin.
STEPAN. —TodavÃa no.
DORA. —Es libre. Tiene derecho a hacer lo que quiera, ahora que va a morir. ¡Porque morirá, alegraos!
ANNENKOV. —¡Dora!
DORA. —SÃ. ¡Si obtuviera gracia, qué triunfo! SerÃa la prueba, ¿no es cierto?, de que la gran duquesa dijo la verdad, de que él se arrepintió y traicionó. Si muere, por el contrario, le creeréis y podréis seguir queriéndole. (Les mira). Vuestro amor sale caro.