Los justos
Los justos DORA. —SÃ, sÃ, estoy segura. ParecÃa feliz. Porque serÃa demasiado injusto que habiéndose negado a ser feliz en la vida para prepararse mejor al sacrificio, no hubiera recibido la felicidad al mismo tiempo que la muerte. Era feliz y marchó con calma a la horca, ¿no es cierto?
STEPAN. —Alguien cantaba en el rÃo con un acordeón. Caminó. Unos perros ladraron en ese momento.
DORA. —Entonces subió…
STEPAN. —Subió. Se hundió en la noche. Se veÃa vagamente el sudario con que lo cubrió de arriba abajo el verdugo.
DORA. —Y después, y después…
STEPAN. —Ruidos sordos.
DORA. —Ruidos sordos. ¡Yanek! Y luego…
(Stepan calla).
DORA. —(con violencia). Y luego, te digo. (Stepan guarda Silencio). Habla, Alexis. ¿Luego?
VOINOV. —Un ruido horrible.
DORA. —¡Ah! (Se lanza contra la pared).
(Stepan desvÃa la cabeza. Annenkov, sin un gesto, llora. Dora se vuelve, les mira pegada a la pared).