La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Las perlas se crÃan en una especie de moluscos con una concha dura, que viven bajo el agua —dijo Abe casi con seguridad—. Te lo juro, Li, las perlas te las han traÃdo esos tritones. Vieron cómo te bañabas y quisieron dártelas personalmente, pero como les tenÃas tanto miedo…
—¡Si son feÃsimos…! —suspiró Li—. Abe, son unas perlas magnÃficas. ¡A mà me gustan las perlas con locura!
«Ahora está muy bonita, hay que reconocerlo», dijo la voz frÃa y criticona. «Arrodillada ahà en el suelo, con las perlas en la mano… En fin, formidable, no se puede decir otra cosa».
—Abe, ¿y me las han traÃdo, de verdad, esos… animales?
—No son animales, Queridita, sino dioses marinos. Se llaman tritones.
Queridita no se sorprendió ni poco ni mucho.
—¡Qué simpáticos son!, ¿verdad? Son terriblemente agradables. ¿Qué te parece, Abe? ¿Crees que debo darles las gracias?
—¿Ya no les tienes miedo?
Queridita tembló.
—¡Sà que les tengo, Abe! Por favor, ¡vámonos pronto de aquÃ!
—Mira, es preciso que lleguemos al yate —dijo Abe—. Ven y no temas.