La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —¿Y quién lo filmará?
—Abe. También ha de servir para algo. Y Judy tendrá que hacer de iluminadora porque, cuando salen, ya está demasiado oscuro para filmar.
—¿Y qué hará Fred?
—Fred tendrá un arco y una coronita en la cabeza y, si los tritones me quieren llevar, me defenderá, ¿no?
—Gracias de todo corazón —murmuró Fred— pero yo prefiero llevar un revólver. Y creo que deberÃa venir también el capitán.
Al capitán se le erizaron los bigotes combativamente.
—No se preocupe usted. Yo haré lo que sea necesario.
—¿Y qué hará?
—Llevaré tres hombres de la tripulación. ¡Y bien armados!
Queridita Li demostró su entusiasmo en forma encantadora.
—¿Cree usted que serán tan peligrosos, capitán?
—No creo nada, niña —gruñó el capitán—, pero tengo órdenes del señor Jesse Loeb, por lo menos en lo que se refiere a Mr. Abe.