La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Sir Charles se acercó más al estanque. En él habÃa, solamente, una salamandra de pie e inmóvil.
—¿Quién habla ah�
—Andy, señor —dijo la salamandra—. ¿Quién es usted?
—Wiggan —dijo maravillado Sir Charles.
—Mucho gusto —respondió Andrias respetuosamente—. ¿Cómo está usted?
—¡Al diablo! —gritó Sir Charles—. ¡Gregs! ¡Eh, Gregs!
La salamandra dio media vuelta y se escondió rápidamente en el agua.
En la puerta apareció el señor Gregs, jadeando e inquieto.
—¿Desea usted, señor?
—Gregs, ¿qué significa esto? —explotó Sir Charles.
—¿Ha ocurrido algo, señor? —tartajeó el señor Gregs inseguro.
—¡Este animal habla!
—Perdone, señor —dijo el señor Gregs confuso—. Eso no debe hacerse, Andy. Ya te he dicho mil veces que no debes molestar a la gente con tu conversación. Perdone usted, Sir Charles, no se volverá a repetir.
—¿Usted ha enseñado a hablar a esa salamandra?
—Ella empezó primero —trató de disculparse el señor Gregs.