La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Espero que esto no volverá a repetirse, Gregs —dijo severamente Sir Charles—. De ahora en adelante, tendré mucho cuidado con usted, señor Gregs.
Algún tiempo después de este acontecimiento, estaba el director Sir Charles en animada conversación con el profesor Petrov sobre la, asà llamada, inteligencia de los irracionales, los reflejos condicionados y la tendencia de la gente a exagerar el conocimiento de los animales. El profesor Petrov manifestó sus dudas sobre los caballos de Elberfelds que, según se decÃa, sabÃan no solamente contar, sino también extraer las raÃces y elevar al cuadrado y al cubo. «Si eso no lo sabe ni un hombre con una cultura normal», pensaba el distinguido profesor. Sir Charles recordó a la salamandra habladora de Gregs.
—Yo tengo aquà una salamandra —comenzó indeciso—, la conocida Andrias Scheuchzeri, y ¿sabe usted que ha aprendido a hablar como un loro?
—¡Imposible! —dijo el erudito.
Y después de un momento, añadió:
—Las salamandras tienen la lengua pegada.
—Venga usted a verla —dijo Sir Charles—. Hoy es dÃa de limpieza, asà que no habrá tanta gente.
Y fueron.
A la entrada del pabellón de las salamandras Sir Charles se detuvo. Dentro se oÃa el roce de la escoba contra el suelo y una voz monótona que silabeaba algo.