La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El señor Povondra lo contempló pensativo. ¿Podría ser que el capitán se hubiera encogido de ese modo? ¡No era posible!

—Es que yo conozco al capitán van Toch personalmente, señor —dijo—. Yo soy Povondra.

—Ése es otro cantar —exclamó el hombrecito—. Pero las salamandras son verdaderamente del capitán van Toch, señor. Salamandras australianas garantizadas, señor. Haga usted el favor de pasar adelante. Precisamente, va a comenzar la gran representación —cacareó levantando la lona que hacía de puerta.

—Vamos, Frantik —dijo papá Povondra, y entraron.

Junto a una pequeña mesa se sentó, rápidamente, una mujer extraordinariamente gorda y alta. «¡Vaya una pareja!», pensó el señor Povondra pagando sus tres coronas. Dentro del barracón no había nada, más que un cierto olor desagradable que se desprendía de una especie de bañera de hojalata.

—¿Dónde están esas salamandras? —preguntó el señor Povondra.

—En la bañera —respondió sin interés la gigantesca dama.

—No tengas miedo, Frantik —dijo Povondra acercándose al baño. En el agua estaba echado algo negro e indolente, del tamaño de un inmenso pez; solamente la piel de su nuca se inflaba y desinflaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker