La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Mira, éste es el lagarto antediluviano del que se habló en los periódicos —dijo en plan de instrucción papá Povondra, sin manifestar su desilusión. («¡Otra vez me he dejado engañar!», pensaba, «pero que no se dé cuenta el niño, ¡lástima de tres coronas!»).
—¿Por qué está en el agua, papá? —preguntó Frantik.
—Porque las salamandras viven en el agua, ¿sabes?
—¿Y qué come, papá?
—Peces y cosas por el estilo —respondió papá Povondra—. ¡Algo ha de comer!
—¿Y por qué es tan horrenda? —añadió Frantik.
El señor Povondra no sabÃa qué decir pero, en aquel momento, entró en el barracón el hombrecito.
—Por favor, señoras y caballeros —dijo con voz ronca.
—¿Tiene usted solamente esa salamandra? —preguntó el señor Povondra acusador. (Si al menos hubiese dos, ya no resultaba tan caro).