La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —La otra se ha muerto hace poco —dijo el hombrecito—. Pues sà —continuó— éste, señoras y caballeros, es el famoso Andrias, importante y venenosa salamandra de las islas de Australia. En su lugar de origen llega a alcanzar la altura de un hombre y anda sobre sus patas traseras. ¡Venga! —dijo hurgando con un palo a aquello negruzco e indolente que estaba inmóvil en el agua. Aquello negro se removió y, con dificultad, se levantó del agua. Frantik retrocedió un poco, pero papá Povondra le apretó la manita como diciéndole: «No temas, yo estoy aquû.
El animal se alzó sobre sus patas traseras, sosteniéndose con las otras en el borde de la bañera. Las agallas de su pescuezo se movÃan convulsivamente y su negro hocico trataba de atrapar aire. Su piel, demasiado libre, estaba llena de verrugas y sus ojos, redondos como los de las ranas, se cubrÃan por momentos, como doloridos, con la membrana de sus párpados inferiores.
—Como ven ustedes, señoras y caballeros —continuaba el hombrecito—, este animal tiene agallas y pulmones, a fin de poder vivir en el agua y respirar cuando sale a tierra. En las patas traseras tiene cinco dedos, en las delanteras, cuatro. También sabe coger y sostener cosas con las manos. Toma —el animal tomó entre sus dedos la vara y la sostuvo ante sà como un cetro.