La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Mientras tanto, la hembra se mantiene todavía inmóvil durante algún tiempo, sin cambiar de posición; después se agita con fuerza y empieza a poner huevos enlazados como en una cadena, cubiertos de una sustancia gelatinosa. A veces se ayuda con las patas traseras, lo mismo que los sapos. Los huevos, en número de cuarenta a cincuenta, cuelgan del cuerpo de la hembra como un mechón. Con ellos nada la hembra hacia un lugar resguardado, y los fija en las algas, hierbas, o simplemente en las piedras. Al cabo de diez días pone la hembra una nueva serie de huevos, sin haberse vuelto a encontrar con el macho, en número de veinte o treinta. Seguramente los huevos son fecundados directamente en un receptáculo de su aparato genital, donde conserva los espermatozoides. Normalmente efectúa una tercera puesta al cabo de siete u ocho días, ésta de 10 a 15 huevos cada vez, de los cuales, al cabo de unas tres semanas, salen los renacuajos con branquias externas para la respiración, que pierden después paulatinamente. Al cabo de un año dichos renacuajos se convierten ya en salamandras adultas capaces de reproducirse, etc.