La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras La segunda serie de experimentos se refería a la reacción ante el frío de las salamandras de origen tropical. Al enfriarles repentinamente el agua, murieron de catarro intestinal; pero por medio de una lenta aclimatación a un ambiente más frío, se acostumbraron a él fácilmente. Al cabo de ocho meses ya conservaban su vivacidad hasta una temperatura de 7 °C, a condición de que se les aumentase la grasa en las comidas (de 150 a 200 gramos diarios). Si la temperatura bajaba a menos de 5 °C, comenzaban a dar nuevamente señales de vida, y de 7 a 10 °C empezaban a demostrar interés por los alimentos. De esto se deduce que las salamandras se pueden aclimatar en nuestro país o en las regiones frías de Noruega e Islandia. Para saber si soportarían las condiciones climáticas polares, habría que hacer nuevos experimentos.
Por el contrario, las salamandras son muy sensibles a las influencias químicas. Durante experimentos hechos con lejía muy diluida, residuos de las fábricas, productos usados en el curtido, etc., la piel se les caía a tiras y los animales experimentales morían a causa de cierta gangrena en las branquias. Para nuestros ríos son, pues, prácticamente inservibles las salamandras.