La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras Los periódicos calificaron esta emisión nocturna de una «burda broma» de alguna emisora clandestina, pero a pesar de ello millones de personas esperaban al día siguiente, junto a sus radiorreceptores, a que hablase de nuevo aquella terrible, nerviosa y cavernosa voz. Se la oyó nuevamente a la una, acompañada de fuertes y ruidosos zumbidos. «Good evening, you people», graznó alegre. «Primeramente vamos a ofrecer “La Danza de las Salamandras”, de su opereta “Galatea”». Cuando acabó de sonar la cortante e indecorosa musiquilla, se alzó de nuevo la terrible voz con un cierto deje de alegría. «¡Haló, hombres! Acaba de ser hundido por un torpedo el cañonero británico Erebus, que trataba de destrozar nuestra emisora en el Océano Atlántico. La tripulación se ha hundido con el buque. Haló, ¡llamamos la atención del Gobierno británico! El barco Amenhotep, de Port Said, se ha negado a desembarcar en nuestro puerto de Makallahu un pedido de explosivos. Según dice, ha recibido órdenes de suprimir la entrega de explosivos. Desde luego, dicho barco ha sido torpedeado. Aconsejamos al Gobierno británico que retire esta orden, antes de mañana a mediodía, radiográficamente; de lo contrario, serán torpedeados y hundidos los barcos Winnipeng, Manitoba, Ontario y Quebec, que llevan cargamentos de trigo del Canadá a Liverpool. Haló, llamamos la atención del Gobierno francés. Llamen a los cruceros que navegan hacia Senegambia. Necesitamos ampliar allí, todavía más, la nueva ensenada recientemente construida. Chief Salamander ha ordenado que transmita a los dos Gobiernos su voluntad inquebrantable de establecer con ellos relaciones amistosas. Aquí terminan las noticias. Ahora retransmitiremos vuestra canción “Salamandra”, vals erótico».