La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Ya lo ve. Si nos cuenta muchas cosas, lo escribiremos en los periódicos y usted recibirá dinero.
—¿Cuánto?
—Quizá… algunos miles —dijo magnánimo el señor Golombek.
—¿En libras esterlinas?
—No, en coronas checoslovacas.
El capitán J. van Toch movió la cabeza.
—Coronas no quiero, tengo bastantes, muchachos. —Sacó del bolsillo del pantalón un gran paquete de billetes y dijo—: ¿Ven?
Después apoyó el codo en la mesa y se inclinó hacia los dos señores.
—Señores, yo podrÃa proporcionarles un big business. ¿Cómo se dice?
—Un gran negocio.
—Yes, un gran negocio. Pero ustedes tendrÃan que poner quince… ¡esperen!, quince o dieciséis millones de coronas. ¿Qué les parece?
Los dos señores se miraron una vez más algo intranquilos. Los redactores, desde luego, tienen sus experiencias sobre las más extraordinarias clases de locos, estafadores e inventores.