La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Yes, porque los otros son demasiado ladrones y, además, no tienen dinero. Ustedes, como periodistas, deben conocer a los peces gordos de por aquÃ, banqueros, shipowners… ¿cómo se dice?, ¿navegadores?
—Navieros. No, no conocemos a nadie, señor van Toch.
—¡Es lástima! —exclamó contrariado el capitán.
El señor Golombek trató de recordar.
—Quizá conozca usted al señor Bondy.
—¿Bondy?… ¿Bondy?… ¡Espera! Ese nombre me suena —el capitán reflexionó—. Bondy… Yes, en Londres hay una Bond Street en la que vive gente muy rica. ¿No tendrá ese tipo algún comercio en Bond Street, muchachos?
—No, señor, vive en Praga y creo que nació en JevÃcko.
—¡Caramba! —exclamó alegremente el capitán—, tienes razón, muchacho. Aquél que tenÃa en la plaza una tienducha en la que vendÃa de todo. Yes, Bondy… ¿Cómo se llamaba?… Max, Max Bondy. ¿Asà que, ahora, tiene un comercio en Praga?
—No, el que usted dice es el padre. Este Bondy se llama G. H., el presidente G. H. Bondy, capitán.