La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —¿Qué es lo que quiere? —preguntó pensativo.
—No sé, señor —contestó respetuosamente el señor Povondra.
El señor Bondy tenÃa todavÃa en sus manos la tarjeta. Un ancla. Capitán J. van Toch, Surabaya. «¿Dónde está Surabaya? ¿No es por Java?». El señor Bondy sentÃa la impresión de algo extraño, lejano. «Kandong Bandoeng… eso suena a golpes de gong. Surabaya… Y hoy, precisamente, hace un tiempo verdaderamente tropical. Surabaya…».
—Bien, ¡hágalo pasar! —ordenó el señor Bondy.
En la puerta apareció un hombre inmenso, con una gorra de capitán de marina, que le saludaba.
G. H. Bondy salió a su encuentro.
—Very glad to meet you, captain. Please, come in.
—¡Hola, hola, señor Bondy! —exclamó jovialmente el capitán.
—Pero… ¿usted es checo? —dijo extrañado el señor Bondy.
—Yes, checo. Nosotros, señor Bondy, nos conocemos de JevÃcko. Tienda de granos van Toch. Do you remember?