La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras El capitán van Toch se sentó dignamente en el sillón de cuero y colocó su gorra en el suelo.
—Estoy aquà de vacaciones, señor Bondy. SÃ, asà es. Eso mismito.
—¿Recuerda usted —dijo enfrascándose en los recuerdos el señor Bondy— cómo gritaba persiguiéndome: «JudÃo, judÃo, te llevará el demonio»?…
—Yes —dijo el capitán, y trompeteó conmovido en su pañuelo azul—. ¡Ay, sÃ, qué tiempos más hermosos aquéllos, muchacho! ¡Qué se le va a hacer! El tiempo vuela. Ahora los dos somos capitanes y ambos de bastante edad.
—Es verdad, usted es capitán —recordó el señor Bondy—. ¡Quién lo hubiera dicho! Captain of long distances… ¿se dice as�
—Yes, sir. A big seaer. East India and Pacific Lines, sir.
—¡Hermosa profesión! —suspiró el señor Bondy—. Me cambiarÃa ahora mismo con usted, capitán. Tiene que contarme muchas cosas.
—Eso es lo que quiero —se animó el capitán—. Yo quisiera contarle algo, señor Bondy. Una cosa muy interesante, jovencito.
El capitán J. van Toch miró intranquilo a su alrededor.
—¿Busca usted algo, capitán?