La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Yes, ¿tú no bebes cerveza, señor Bondy? A mà me ha entrado una sed en mi viaje desde Surabaya…
El capitán empezó a buscar en los inmensos bolsillos de su pantalón y sacó un pañuelo azul, un saquito de tela con algo dentro, una bolsa de tabaco, una navaja, un compás y un fajo de billetes de banco.
—Quisiera enviar a alguien a por cerveza. Quizá ese stewart que me trajo a esta cabina…
El señor Bondy tocó el timbre.
—¡Déjelo, capitán! Encienda, mientras tanto, uno de estos cigarros.
El capitán tomó un puro con anillo negro y dorado y lo olfateó.
—Esto es tabaco de Lombok. Allà son grandes ladrones, a decir verdad.
Y luego, ante los ojos horrorizados del señor Bondy, aplastó el costoso puro en su potente palma y metió la picadura en su pipa.
—SÃ, Lombok o Surabaya.
Mientras tanto, apareció en la puerta el señor Povondra.
—Traiga cerveza —ordenó el señor Bondy.
El señor Povondra alzó las cejas.
—¿Cerveza?… y… ¿cuánta?