La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —¿Y qué aspecto tienen? —el señor Bondy se esforzaba por ganar tiempo hasta que volviese el maldito Povondra.
—Bueno… por el tamaño serÃan como focas, pero cuando caminan sobre las patas de atrás, entonces son asà de altos —señalaba el capitán—. No se puede decir que sean bonitos, ¡eso no! No están cubiertos por esas laminillas…
—¿Escamas?
—Yes, escamas. Están completamente pelados, señor, como las ranas y las salamandras, y sus patas delanteras son como las manitas de los niños, pero con cuatro dedos. ¡Son tan infelices! —añadió compasivo el capitán—, pero muy listos y muy simpáticos, señor Bondy. —El capitán se puso en cuclillas y en esa posición empezó a balancear su enorme cuerpo de un lado para el otro—. Asà andan aquellos lagartos, señor Bondy.
El capitán van Toch se esforzaba por dar cierto ritmo ondulante a sus movimientos y, al mismo tiempo, levantaba las manos como un perrito pedigüeño, clavando en el señor Bondy sus ojos color nomeolvides, que parecÃan implorar simpatÃa.