La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —Yes, eso serÃa. 20 de julio: «Sergent ha matado con su cuchillo a un gran jellyfish». Es una especie de bicho como gelatina, que quema como las ortigas. ¡Un bicho repugnante! Y, ahora, atención, señor Bondy. 13 de julio —lo tengo subrayado—: «Sergent ha matado con su cuchillo un pequeño tiburón. Peso: 35 kilos». Aquà lo tiene usted —declaró solemnemente el capitán—, aquà está escrito en negro sobre blanco. Fue un dÃa glorioso, muchacho. Precisamente, el 13 de julio del año pasado.
El capitán cerró su cuaderno de notas.
»No me avergüenza decirlo, señor Bondy. Aquel dÃa caà de rodillas en la BahÃa del Diablo y lloré de pura alegrÃa. Entonces comprendà que mis tapa-boys no me decepcionarÃan. Como premio, Sergent recibió un nuevo arpón. El arpón es lo mejor, muchacho, si quieres cazar tiburones. Y yo le dije: Be a man, Sergent, y muéstrales a esos tapa-boys que también ellos se pueden defender.
El capitán golpeó entusiasmado sobre la mesa y continuó:
—¡Hombre!, ¿sabes que tres dÃas más tarde nadaba el cadáver de un inmenso tiburón lleno de…?
—¿Heridas?