La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras —¿Y quién te encontrarÃa aquÃ? —siguió preguntando Mr. Abe.
Queridita reflexionó un momento.
—Nadie. Si hubiese aquà gente ya no serÃa yo Robinsona —dijo Li con una lógica sorprendente—. Por eso serÃa tan formidable, Abe. Yo estarÃa aquà siempre sola. ImagÃnate, Lily Valley en el principal y único papel.
—¿Y qué harÃas durante toda la pelÃcula?
Li se apoyó en un codo.
—Eso ya lo he pensado. Me bañarÃa y cantarÃa subida en las rocas.
—¿En pijama?
—Sin —dijo Queridita—. ¿No crees que tendrÃa un éxito extraordinario?
—¡No querrás decir que irÃas desnuda en toda la pelÃcula! —gruñó Abe con un vivo sentimiento de desaprobación.
—¿Por qué no? —se extrañó inocentemente Queridita—. ¿Qué tendrÃa que ver?
Mr. Abe dijo algo incomprensible.
—Y después —siguió imaginando Li—… espera, ya está. Después me raptarÃa un gorila, ¿sabes? Un gorila terriblemente peludo, un gorila bien negro.
Mr. Abe se sonrojó, tratando de ocultar sus desgraciadas piernas, todavÃa más, entre la arena.