La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Sí que los hay! Y esos caníbales me querrían sacrificar a sus dioses, y cantarían para celebrarlo canciones hawaianas, ¿sabes?, como ésas que cantan los negros en el Café Paraíso. Pero el caníbal joven se enamoraría de mí —suspiró Queridita, abriendo los ojos de par en par con entusiasmo— y todavía se enamoraría de mí otro salvaje, quizás el jefe de la tribu… y después, un blanco…

—¿Y de dónde saldría el blanco? —preguntó, para estar seguro, el señor Abe.

—Estaría también prisionero de la tribu. Podría ser algún famoso tenor que cayó en manos de los salvajes. Es para que pueda cantar en la película, ¿sabes?

—¿Y cómo iría vestido?

Queridita examinó el dedo pulgar de su pie.

—Iría vestido… sin nada, como van los caníbales.

Mr. Abe movió con desaprobación la cabeza.

—Queridita, eso es imposible. ¡Si todos los tenores famosos son terriblemente gordos!

—¡Qué lástima! —exclamó Queridita—. Entonces Fred podría interpretar el papel del blanco, y el tenor cantaría. ¿Sabes cómo se hace la sincronización en las películas?

—¡Pero si a Fred se lo había tragado un tiburón!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker