La guerra de las salamandras
La guerra de las salamandras «En realidad, vestida está mejor», resonó en el joven una voz brutalmente frÃa y criticona. Abe quedó sorprendido de su tibieza de enamorado, sintiéndose casi culpable, pero… well, cuando Li llevaba traje y sandalias, estaba mucho más bonita.
«Quizás quieres decir más decente», trató de defenderse Abe contra aquella voz frÃa.
«Well, eso también. Y mucho más atractiva: ¿Por qué caminará de una forma tan rara? ¿Y por qué le tiembla la carne de los muslos al andar? ¿Por qué esto, y por qué lo otro…?».
«¡Para ya!», gritó Abe horrorizado. «Li es la muchacha más bonita que existe en el mundo. Yo la quiero terriblemente».
«¿Hasta cuando estará desnuda?», dijo sin piedad la voz frÃa y criticona.
Abe apartó sus ojos de Li dirigiéndolos hacia el yate que se mecÃa en la laguna. «¡Qué hermosura! ¡Qué belleza de lÃneas!». Lástima que Fred no estuviera allÃ. Con él podrÃa hablar sobre la belleza de su yate…
Mientras tanto, Queridita ya estaba metida en el agua hasta las rodillas. Alzó sus brazos hacia el sol poniente y cantó.