La krakatita
La krakatita Satisfecho con esta caballerosa decisión, Prokop se puso en pie frente al funesto sobre. ¡Ay, si pudiera saber sólo eso, sólo una cosa, si era la amante de Tomeš! De nuevo la vio de pie, hermosa y fuerte; ni con una mirada, ni con un parpadeo hizo ella entonces alusión al pecaminoso lecho de Tomeš. ¿Es posible que unos ojos mientan así, que mientan así esos ojos?
Entonces, tras sisear por el sufrimiento, rompió el lacre, cortó el cordel y rasgó el sobre. Dentro encontró billetes y una carta.