La krakatita
La krakatita —¿Dónde está? ¿Dónde vive?
—¡No lo sé! —gritó el doctor con una voz extraña, y dio un portazo.
Prokop se giró hacia Anči. Permanecía sentada, rígida, y tenía sus enormes ojos fijos en el vacío.
—Anči —farfulló Prokop de un modo escalofriante—, debe decirme dónde está Jirka. Yo… debo encontrarlo, ¿sabe? Se trata… de un asunto… En resumen, se trata de ciertos asuntos… Yo… Lea esto —dijo apresuradamente, y le puso delante de los ojos aquel pedazo de periódico arrugado. Anči, sin embargo, sólo veía una especie de círculos.
—Es uno de mis descubrimientos, ¿entiende? —explicó nervioso—. Me están buscando, un tal Hanson… ¿Dónde está Jiří?
—No lo sabemos —susurró Anči—. Hace dos… hace dos años que no nos escribe…
—Ay —exclamó Prokop, y estrujó el periódico con ira. La muchacha se quedó de piedra; sus ojos se iban haciendo cada vez más grandes y a través de su boca entreabierta se escaparon unas palabras confusamente desconsoladas. Prokop quería que se lo tragara la tierra.