La krakatita
La krakatita —Ahá. Las ondas electromagnéticas. Nosotros también lo habÃamos pensado. Una idea estupenda, pero estúpida. Por desgracia, absolutamente estúpida. SÃ. —Ahora Prokop estaba realmente desconcertado—. Ante todo —reflexionó Carson—, las ondas no pululan por el mundo sólo los martes y los viernes a las diez y media, ¿no? Y en segundo lugar, hombre, se le podÃa haber ocurrido que hicimos el experimento de inmediato. Con onda corta, onda larga, con todas las ondas habidas y por haber. Y su krakatita no hizo con ellas ni esto —señaló algo minúsculo en su uña—. Pero el martes y el viernes… a las diez y media… se le mete en la cabeza explotar «por sà misma». ¿Y sabe qué más? —Prokop no tenÃa ni idea—. Además esto. Desde hace algún tiempo… medio año aproximadamente… las estaciones sin hilos europeas tienen un cabreo terrible. Sabe, algo interfiere en sus comunicaciones. Con total regularidad. Casualmente… siempre los martes y los viernes a las diez y media de la noche. ¿Qué me dice?
Prokop no dijo nada, sólo se frotó la frente.