La krakatita
La krakatita Asà que yo lo he interpretado a mi manera —continuó—, con una teorÃa de andar por casa. Pongamos que a alguien se le mete en la cabeza… fabricar un compuesto inestable… a partir de cierta sal metálica. Dicha sal es una bribona: no hay modo de combinarla, ¿verdad? Asà que ese quÃmico lo intenta de todos los modos posibles… como loco. Y entonces digamos que recuerda que en el número de enero de The Chemist se hablaba de que dicha sal flegmática era un radioconductor fabuloso… un detector de ondas eléctricas. Se le ocurre una idea. Una idea tonta y genial: que quizás consiguiera mejorarle el humor a esa maldita sal mediante ondas eléctricas, ¿no? Despertarla, hacerla bailar, sacudirla como un edredón, ¿verdad? Ja, las mejores ideas se le ocurren a uno a partir de tonterÃas. Asà que se agencia un ridÃculo transformadorcillo y se pone a ello. Qué hizo exactamente es por ahora un secreto, pero al fin y al cabo… consigue el ansiado compuesto. Que me lleven los demonios, lo consigue. Seguramente lo amalgamó mediante esa oscilación. Amigo, que a mi edad tenga que ponerme a estudiar FÃsica… Estoy metiendo la pata, ¿eh?
Prokop murmuró algo totalmente incomprensible.