La krakatita
La krakatita —Pero por dios —se horrorizó el señor Carson—. ¡Pobre princesa!
—¿Juega al tenis?
Prokop frunció el ceño y ni siquiera se dio cuenta de que aquello iba dirigido a él.
—No juega —respondió Carson en su lugar, dándole un codazo en las costillas—. Tiene que probar. La princesa perdió contra Lenglen sólo por un set, ¿verdad?
—Porque estaba jugando con el sol de cara —objetó la princesa, algo ofendida—. ¿A qué juega usted?
Prokop seguÃa sin darse cuenta de que aquello iba dirigido a él.
—El señor ingeniero es cientÃfico —soltó Carson emocionado—. Ha descubierto la explosión atómica y cosas por el estilo. Un genio increÃble, en serio. En comparación con él, nosotros somos meros pinches de cocina. Hacemos puré de patatas y similares. Pero aquà él —y el señor Carson silbó de admiración—. Sencillamente es un mago. Si usted quiere, extraerá hidrógeno del bismuto. SÃ, señor.
Los ojos grises de la princesa echaron un vistazo, a través de su rendija, a Prokop, que estaba allà plantado, totalmente abochornado y furioso con Carson.