La krakatita
La krakatita En fin, después la conversación fue por otros derroteros, y a Prokop le pareció que nadie le prestaba atención; aquellas personas se entendÃan tan bien, charlaban con tanta facilidad, con alusiones e inmenso interés por cosas sobre las que él no entendÃa nada o en las que directamente no veÃa nada fascinante. Incluso la princesa habÃa recobrado nueva vida. «Mira, tiene mil cosas más en común con esos caballeretes que contigo». Se puso de mal humor, no sabÃa qué hacer con las manos, aquello hervÃa en su interior con una furia ciega. Posó la taza de café con tanta brusquedad, que se partió.
La princesa clavó en él una mirada tremebunda, pero el encantador oncle Charles salvó la situación empezando un relato sobre un capitán de barco que era capaz de hacer pedazos con sus dedos una botella de cerveza. Un obeso cousin afirmó que él también podÃa conseguirlo. Entonces mandaron traer botellas de cerveza vacÃas, y uno tras otro, en medio de sonoras exclamaciones, probaron suerte. Eran pesadas botellas de cristal negro: ninguna reventó.
—Ahora usted —ordenó la princesa con una rápida mirada a Prokop.