La krakatita
La krakatita —Ve a casa, Minka —ordenó sin réplica posible—, Y usted espere aquà —se dirigió a Prokop, y tras pasar el brazo por encima de los hombros de la princesa, se la llevó a la fuerza a casa. Después de un rato salió y agarró a Prokop del brazo—. Amigo mÃo —dijo sin rastro de enfado, digiriendo una cierta tristeza—, entiendo incluso demasiado bien a los jóvenes, y… siento simpatÃa por vosotros. —Al decir aquello hizo un gesto de desesperación con la mano—. Ha ocurrido algo que no deberÃa haber ocurrido. Sin embargo no quiero y… ni siquiera puedo reprenderos. Al contrario, reconozco que… por supuesto… —Por supuesto aquello era un mal comienzo, y le bon prince tanteó en busca de otro—. Querido amigo, le aprecio y… de verdad que siento… un gran afecto por usted. Es usted un hombre honesto… y genial, algo que pocas veces va de la mano. Hay pocas personas a las que haya cobrado un cariño semejante… Sé que llegará usted muy lejos —exclamó con alivio—. ¿Cree usted en mis buenas intenciones hacia usted?
—En absoluto —dijo Prokop quedamente, temiendo caer en una trampa. La confusión se apoderó de le bon oncle.
—Lo siento mucho, muchÃsimo —tartamudeó—. Para lo que pretendÃa proponerle serÃa necesario… sÃ… una confianza mutua total…