La krakatita
La krakatita —Mon prince —lo interrumpió Prokop respetuosamente—, como sabe, no me encuentro aquà en la envidiable situación de un hombre libre. Creo que en estas circunstancias no tengo razones para confiar demasiado…
—Sà —suspiró oncle Rohn satisfecho por el giro que habÃa dado la conversación—. Tiene toda la razón. ¿Se refiere a su…, eh, al vergonzoso hecho de que está aquà vigilado? Ya ve, precisamente de eso querÃa hablar con usted. Querido amigo, en lo que a mà respecta… Desde el principio… y con indignación… he condenado ese método… para retenerlo en la fábrica. Es ilegal, brutal, y… teniendo en consideración su relevancia, directamente inaudito. He emprendido una serie de pasos… Ya me entiende, con anterioridad —añadió rápidamente—. Intervine incluso ante los más altos cargos, pero… entre las autoridades, debido a ciertas tensiones en el ámbito internacional…, ha cundido el pánico. Está usted aquÃ… confinado bajo la acusación de espionaje. No se puede hacer nada, a no ser —y mon prince se inclinó hacia el oÃdo de Prokop—, a no ser que lograra huir. ConfÃe en mÃ, yo le proporcionaré los medios. Le doy mi palabra de honor.
—¿Qué medios? —sugirió Prokop sin comprometerse a nada.