La krakatita
La krakatita —Tú has colaborado a ello.
—¡Silencio! —gritó Rosso mientras se apartaba el pelo de la frente—. Tengo la palabra. El camarada Krakatita nos ha dicho: «Llegará tu momento, y explotarás; haz sitio para tu único momento…». Bien, yo me he tomado esas palabras a pecho.
—¡No querÃa decir eso!
—¡Viva la krakatita!
Alguien empezó a silbar. Daimon agarró a Prokop del codo y lo arrastró hacia una puertecilla que habÃa tras la pizarra.
—Podéis silbar —continuó Rosso en tono sardónico—. Ninguno de vosotros gritó cuando se plantó ante vosotros ese señor extranjero y… e hizo sitio para su momento. ¿Por qué no deberÃa probarlo otra persona?
—Eso es cierto —dijo una voz serena.
La hermosa joven se puso delante de Prokop para cubrirlo con su cuerpo. Él intentó apartarla.
—¡No es cierto! —dijo la muchacha con los ojos incendiados en llamas—. Él… él es…
—Cállate —siseó Daimon.