La krakatita
La krakatita —Ése es el templo griego de Hera en Agrigento —empezó a recitar el anciano con seriedad—, en la isla de Sicilia, está dedicado a Dios, o sea, a Juno Lacinia. Mira esas columnas. Están hechas de piezas tan grandes que encima de cada una de sus piedras podrÃa comer una familia entera. Figúrate el trabajo que acarrea eso. ¿Sigo girando?… Panorama desde la montaña Penegal, en los Alpes, cuando se pone el sol. La nieve se enciende con una luz tan hermosa y tan extraña como la de aquÃ. Es la luz de los Alpes, y esa montaña se llama Latemar. ¿Sigo?… Ésa es la ciudad sagrada de Benarés; ese rÃo es también sagrado y purifica los pecados. Miles de personas han encontrado aquà lo que estaban buscando.
Eran dibujos pintados con detalle, con cuidado, y coloreados a mano; los colores habÃan palidecido un poco, el papel amarilleaba, pero se conservaba la alegre viveza del azul, el verde y el amarillo, y las chaquetas rojas de la gente, y el nÃtido color celeste del firmamento; y cada hierbecilla estaba dibujada con amor y atención.
—Ese rÃo sagrado es el Ganges —añadió el anciano con veneración, y giró la manivela—. Y esto es Zahur, el castillo más hermoso del mundo.