La krakatita
La krakatita —Gire, abuelo —le pidió Prokop estremecido. A continuación vinieron el puerto de Hamburgo, el Kremlin, un paisaje polar con la aurora boreal, el volcán Krakatau, el puente de Brooklyn, la catedral de Notre-Dame, una aldea de aborÃgenes de Borneo, la casita de Darwin en Down, una estación de radio sin hilos en Poldhu, una calle de Shangai, las cataratas Victoria, el castillo de PernÅ¡týn, unas torres petrolÃferas en Bakú.
—Y ésta es aquella explosión en Grottup —explicó en ancianito; en el dibujo daban vueltas grandes volutas de humo rosado que eran impulsadas hasta el cénit por una llama de color azufrado. En medio del humo y de las llamas colgaban de un modo imposible cuerpos humanos destrozados—. Perecieron en ella más de cinco mil personas. Fue una gran catástrofe —dijo con un hilo de voz el anciano—. Y éste es el último dibujo. Y bien, ¿has visto el mundo?
—No, no lo he visto —refunfuñó Prokop aturdido.
El anciano meneó la cabeza decepcionado.